La reparación de la icónica cisterna de agua en Nogoyá, anunciada con una inversión de $150 millones ($110 millones municipales y $40 millones provinciales), no sería una celebración de gestión, sino la revelación de una profunda crisis moral y política.
El intendente Bernardo Schneider, destina la mayor parte de estos fondos –el 70% de origen municipal, es decir, de los bolsillos de los nogoyaenses– para corregir la «desidia» en el servicio de agua. La hipocresía es ineludible: esta negligencia habría ocurrido bajo la gestión del hoy Senador Rafael Cavagna, de la cual Schneider fue Secretario de Acción Social.
La Doble Inmoralidad
El gobierno de Schneider no solo padece de una contradicción política al denunciar el período que él mismo integró, sino que arrastra un grave cuestionamiento ético: su figura está comprometida por una denuncia de violencia de género y abuso sexual de una empleada municipal, un caso en el que la revocación de un sobreseimiento mantiene vigente la mancha.
La desconfianza pública ante este panorama se evidencia en la reacción de la ciudadanía en varios de los mensajes que se expresan:
Saro Facal comentó: «No voy a emitir opinión… Cuando hice un comentario de la famosa cisterna, casi pierdo el trabajo. Ojalá se concrete. Saludos.»
El comentario de Facal es demoledor: de ser así expone un clima de temor e intimidación, donde la libre expresión y la fiscalización ciudadana serían reprimidas bajo riesgo de represalias laborales. Esto revela que la «desidia» expuesta en un video informativo en las propias redes sociales del actual intendente no es solo un problema de cañerías.
Mientras se paga la «DESIDIA» que difundió Schneider, se espera que esta inversión millonaria no sea otra obra trunca ni sirva para silenciar a quienes exigen decencia.

