El streaming a través de YouTube del Concejo Deliberante de Paraná prometía ser una herramienta de transparencia y cercanía, un puente entre la ciudadanía y la labor legislativa para conocer el trabajo de los concejales, entender las ordenanzas y seguir los debates. Sin embargo, lo que se obtuvo fue una burla a ese propósito.
El canal no se convirtió en una plataforma para el debate democrático, sino en un espacio personal y banal. La verdadera gravedad de la situación radica en la confusión flagrante entre lo público y lo privado. El contenido, que incluía anécdotas personales, charlas sobre fútbol y asados, y el polémico relato del viceintendente de Paraná, David Cáceres (38 años) , sobre cómo entraba a boliches siendo menor (17) es particularmente preocupante. No solo normaliza el incumplimiento de la ley, sino que también socava los esfuerzos de la propia municipalidad para proteger a los jóvenes. Es una contradicción inaceptable que un funcionario público, que debe velar por el cumplimiento de las normas, comparta anécdotas de este tipo en un canal institucional.
Este incidente nos obliga a repensar el rol de la comunicación pública. El problema no es el contenido en sí, sino el contexto. Un canal oficial tiene el deber de informar y rendir cuentas. Cuando se usa para legitimar el incumplimiento de las normas o para contar historias de privilegios, se traiciona la confianza de la ciudadanía.
Creo que la juventud, en particular, no busca modelos que cuenten cómo llegaron a donde están gracias a atajos o influencias. La sociedad hoy valora el esfuerzo, la meritocracia y la responsabilidad. Este tipo de relatos, lejos de acercar a los jóvenes a la política, profundiza la brecha al confirmar la percepción de un sistema que opera con reglas diferentes para quienes lo integran.
El riesgo de la ironía
Por otro lado, si el propio espacio se llama «delirante», ¿por qué los ciudadanos deberían esperar que su trabajo sea coherente, eficiente o relevante?
En definitiva, lo que debería ser una herramienta para la transparencia y la rendición de cuentas se ha convertido en un espacio de anécdotas personales y temas irrelevantes.
Cynthia Elena

